Tiene varias interpretaciones que se pueden resumir en un amor imposible, ideal, puro, imaginario.
Si bien actualmente nos referimos a este sentimiento como a un amor idealizado, donde la persona deseada es perfecta, el origen de esta expresión se refiere al amor centrado en el carácter y en la inteligencia de una persona, lejos de la apariencia física.
El origen tiene que ver con un amor que no es sexual y se le vincula con el filósofo Platón. El primero en usar este término fue Marsilio Ficino, en el siglo XV.
El dicho es usado por primera vez en 1636 en la obra de teatro «The Platonick Lovers» de William Davenant, donde el poeta inglés se refiere al amor del Simposio o banquete de Platón; donde el amor es visto como la raíz de todas las virtudes y de la verdad