Es un antiguo dicho que se usaba para distintos motivos, aunque con un mismo significado. En el plano económico, que es cuando más se usaba, se refería a que la persona se quedó sin dinero. En el plano intelectual quería decir que no entiende nada. En el plano sexual, se quedó sin pareja.
El origen tiene que ver a la costumbre católica de dejar el templo iluminado únicamente con dos velas cuando habían concluido las misas y toda actividad rutinaria. Se alumbraba apenas, estaba casi a oscuras.
En misas y velorios la abundancia de velas encendidas era una demostración de poder económico. Quedar a dos velas quería decir que la fortuna no lo acompañaba.