El dicho «puente roto» se usa de manera metafórica para describir a ciertas personas que, a pesar de exhibir una actitud supuestamente amigable y simpática, generan en su entorno un efecto contrario al deseado.
Acostumbran presentarse como socialmente accesibles y carismáticas, ofreciendo una imagen positiva de sí mismas. Sin embargo, poco después, su personalidad revela características profundamente antipáticas que les dificultan establecer conexiones genuinas con los demás.
Las causas y razones detrás de esta desconexión social pueden variar significativamente. En algunos casos, su comportamiento puede ser percibido como forzado o poco auténtico, lo que provoca desconfianza entre quienes los rodean. Otras veces su tendencia a interrumpir o dominar las conversaciones puede resultar molesta, dejando al resto con la sensación de no ser escuchadas.
Las apariencias a veces engañan y no muestran la realidad de las relaciones interpersonales. No todos los que se presentan como «puentes» son capaces de conectar efectivamente con quienes los rodean.